Infusión de frutos rojos de Inti Tea

 

Jorge Luis Borges tomando té

Debo a un regalo de cumpleaños el descubrimiento de esta variedad de té. Acostumbro alejarme, acaso por mero fundamentalismo, de infusiones que no contengan la planta del té como base. Es notable la excepción del mal llamado té de manzanilla por su sabor sosegado que me recuerda a la infancia y me ayuda a conciliar el sueño. Dada la muestra de cariño que supone una caja de seis variedades de té como regalo, también puede considerarse una excepción el té que nos compete en esta entrada: una infusión de frutos rojos.

Los tés frutales son furor dentro de gran parte de los jóvenes consumidores de esta infusión, principalmente sus versiones en saquito. Maracuyá, frutilla, frutos rojos y, por supuesto, limón. En algunas ocasiones, le agrego jugo de limón a mi taza de té negro, pero le tengo rechazo al té frutal en saquitos. Tampoco es que sea particularmente de mi agrado el té frutal en hebras, pero al menos suele contener frutas deshidratadas que enriquecen la experiencia y han llegado a sorprenderme.

La infusión que toca reseñar hoy me ha sorprendido. Constando exclusivamente de frutas deshidratadas, sin una sola hebra de té a la vista (razón por la que insisto en llamarla infusión, y no té, además de ser el nombre con el que se presenta en su envase), su sabor lejos de ser excesivamente dulce tiene la acidez de los arándanos y la frutilla, con un dulzor en el retrogusto que justifica la sabia decisión de no endulzarlo. Su frescura permite creer que debe ser una delicia servido frío, pero mantiene sus encantos aun caliente. 

Tomo esta reseña como una forma de romper con la tradición de mi fundamentalismo conservador y cierta misantropía solipsista. De cualquier modo, tengo pistas para creer que el té frutal va a apoderarse de los paladares de los consumidores de té jóvenes, relegando el té tradicional a una pequeña logia de tradicionalistas dementes. Entonces desaparecerán del planeta el té negro y el té verde y el mero té oolong. El mundo será Tlön. Yo no hago caso, yo sigo revisando en los quietos días de mi casa de Carapachay nuevas infusiones (que pienso reseñar en el blog) que me regalaron Álvaro, Moli y Fede.

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